Doblaje o subtítulos en películas y series: ¿qué prefieres?

Tengo que confesar que como espectador no me gusta el doblaje en productos audiovisuales. Tengo mis razones y no intento imponerlas porque en el fondo son solo mías y ciertamente tampoco son mayoritarias. Quizá la más razonable que podría mencionar es que cuando veo una película o un capítulo de una serie de una lengua que no es la mía materna, el español, me gusta ver, apreciar y disfrutar de las actuaciones originales. Las consideraciones sobre el origen histórico del doblaje en España tampoco son fútiles (escribo la palabra solo para recordarnos cuantas veces la hemos escuchado acentuada al revés, con el énfasis en la i, ¿verdad?) pero me importan menos como argumento.

No creo, sin embargo, que haya una relación matemática entre el doblaje y el aprendizaje de idiomas como se suele aducir. Sí que creo, por otro lado, que las películas y series en versión original ayudan a hacer oído y mejorar la pronunciación entre los hablantes de otras lenguas. Es curioso comprobar de la misma manera, que en dirección contraria a la creencia popular, gran parte de los países europeos doblan también sus películas -se puede comprobar, por ejemplo, en la versión inglesa sobre el dubbing de la Wikipedia- sin que aparentemente eso afecte a su conocimiento de idiomas. Así pues, podemos inferir que los problemas del aprendizaje de idiomas no maternos, como casi siempre, son múltiples y no responden a una sola causa.

 

Traducción, subtítulos y doblaje en películas y series.
Carmen Maura es actriz de doblaje en Mujeres al borde de un ataque de nervios.

Lógicamente y a este respecto defiendo las versiones originales también de lenguas que no conozco, claro, y siempre poniendo en valor una herramienta por la que tengo mucho afecto: los subtítulos.

Los subtítulos, que hay quién argumenta que también interfieren en la apreciación artística de una producción audiovisual, entorpecen su visionado o, por sus limitaciones de espacio y tiempo, no resuelven el problema de la traducción con la agilidad necesaria, son a mi entender el mejor de los instrumentos disponibles para entender una proyección o emisión en otro idioma. Un mal necesario como dijeron los profesores Marleau o Mayoral Asensio. Existen otras modalidades como la voz superpuesta, voice over, de uso más frecuente en algunos países eslavos, pero me resultan bastante más invasivas y difícilmente mejores que un doblaje con una sola voz que asimilar.

La problemática de los subtítulos

En cualquier caso, también la subtitulación tiene sus problemas. Aparte de la mencionada constricción – fue Titford quien propuso primero el término constrained translation en relación con el subtitulado- por la limitación en el número de caracteres disponibles, hay otros elementos que hemos de tener en cuenta. Los más habituales cuando traducimos diálogos son las adaptaciones de las referencias culturales. Para afrontarlos se proponen, como suele ser habitual en las traducciones de este ámbito, dos puntos de partida extremos entre los que nos tendremos que mover según nuestras preferencias y, más aún, las de los que encargan la traducción: la adaptación total o la transcripción literal. Es una manera algo burda de describirlo, pero refleja más o menos lo que se entiende por domesticación (un anglicismo feo, feo, que se podría sustituir fácilmente por naturalización o familiarización) y extranjerización. En el primero de los casos las referencias culturales se adaptarían al idioma de llegada: Isabel Pantoja por Dolly Parton, Matías Prats por Regis Philbin o casos de doblaje incluso más llamativos como cuando Will Smith imitaba a Jesús Gil en El príncipe de Bel Air. Y en el segundo se dejarían, tal cual están escritos originalmente, a la interpretación del espectador.

Yo, como Venuti, un académico con mucha más ciencia que la mía, veo la primera estrategia etnocentrista y en cierto modo ridícula por descontextualizadora. Comprendo su uso y como con el doblaje no puedo oponer más que mi criterio y preferencia estética, eso sí, cuando me toca traducir a mí intento evitarla por todos los medios. La segunda, más considerada con el espectador y menos paternalista, puede no obstante resultar insuficiente en algunos casos, y más cuando hablamos de producciones destinadas al mero entretenimiento. Para algunos casos hay una vía intermedia, la neutralización, que sería el camino de en medio: sustituir marcas por genéricos, presentador cuando aparece Letterman, fascículos para sustituir Reader’s Digest o refresco en una frase sobre Vitamin Water. Nunca es igual de preciso, pero puede ahorrar algún problema.

No comentaré en este artículo los malabarismos que hay que hacer igualmente para traducir juegos de palabras o refranes, os hacéis una idea, pero sí me pregunto, ¿cómo lo veis vosotros?

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One thought on “Doblaje o subtítulos en películas y series: ¿qué prefieres?

  1. Con los subtítulos, además de la domesticación y extranjerización que comenta el artículo, recuerdo haber visto otra manera, en dos capítulos de Agents of Shields, el subtitulador optó por ponerlo tal cual en el idioma original y abajo del todo entre paréntesis poner a que se referían esas referencias desconocidas (extranjeras o muy técnicas), que la verdad, aun a pesar de la buena intención era una tortura, porque no daba tiempo a leerlo y había que parar todo el rato para leerlo, porque claro, te creaba la curiosidad jaja, pero vaya, que sólo vi esta manera en esos 2 episodios y nunca mas.

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