El doblaje audiovisual desde una perspectiva positiva

He estado pensado y, aunque ya he hecho alguna mención anteriormente, en esta entrada del blog quiero comentar sobre el doblaje con un poco más de profundidad.

Partiendo de que como espectador soy más partidario del subtitulado creo que un cambio de enfoque en la percepción del doblaje podría ayudar a acercar posturas entre los partidarios de estas dos posibilidades de traducción audiovisual. Y es que probablemente el rechazo que se genera con la modalidad más popular de traducción en este país tiene que ver con las expectativas y la frustración de la misma.

Si en lugar de considerar el doblaje como una traducción literal del texto entendemos que es una técnica de adaptación, una manera de traer un producto audiovisual -y la idea de producto es importante, luego volveré sobre ella- a un contexto en el cual no sería posible entenderlo de otra manera, quizá los más reticentes podrían, al menos, concederle lo apreciable de su finalidad. Pensar en el doblaje como un remake, una reformulación del canal oral de la película es quizá la forma más objetiva de verlo y a partir de aquí podemos hacer nuestras consideraciones.

Esto supone asumir, desde luego e igual que cuando leemos un libro traducido, que no estamos siendo espectadores del mismo objeto que aquel que ve la versión original. Experimentamos un producto reformulado con una de las técnicas que, ya en su día con la llegada del cine sonoro, se entendieron necesarias para trasladar una película a lugares donde se hablase diferente lengua. Las productoras estadounidenses, que tienen generalmente más medios, cuando ven un producto extranjero que les gusta y les parece rentable compran los derechos y rehacen la película entera. Podemos entender el doblaje, pues, como una versión más barata de ese proceso. Traemos a nuestro contexto cultural una creación foránea y asumimos que por el camino se pierden varios elementos.

Por empezar con lo malo, podemos decir que con el doblaje nos quedamos sin (la mayor parte de) las interpretaciones de los actores originales. Perdemos también los textos del guionista original, nos privamos de sus diálogos tal y como fueron pensados y de lo que quiso decir exactamente. Y en relación con esto, pero de una manera más global, perdemos también un gran porcentaje de ese elemento trascendente que se les supone a las obras artísticas, esa intención del autor -el director en este caso- que seguramente no esté tan presente en los productos de entretenimiento. Y aquí retomo lo que antes he dejado a medias: quizá si de lo que hablamos es de una industria del entretenimiento que no pretende nada más que eso, el doblaje tiene perfecto sentido en cuanto versionado comercial de un producto.

Las ventajas son evidentes: la comodidad de ver una película en el idioma propio, la posibilidad de entender realidades ajenas de una manera directa y la difusión de productos que de otra manera serían más difíciles de mover en un circuito mayoritario con diferente idioma.

El doblaje en la traducción audiovisual

Por otra parte, y habiendo ya asumido que estamos viendo otra versión de la película, habría que poner en valor la creatividad del ajustador y el director de doblaje. Estas figuras que casi nadie conoce hacen complicadísimos malabares en ocasiones para cuadrar frases en el espacio de tiempo en que el actor original habla, modificando las traducciones que les pasamos los que nos encargamos de ello como sea necesario. Se podría hacer incluso una analogía con la construcción de un poema y la búsqueda de la rima. Con los elementos que preexisten tienen que componer un texto nuevo que quepa dentro de esos límites y que, además, en la medida de lo posible, respete las consonantes labiales, labiodentales, bilabiales y oclusivas (ya sabéis, la M, la F, la P…) para que la apariencia sea lo más cercana al original posible.

Es un proceso muy complejo que empieza con la traducción de los textos a partir del guion original, el guion de producción, una lista de diálogos y a veces incluso con el traductor sacando “de oído” las intervenciones de los actores. En esta fase del proceso el traductor indica, si no se le proporciona, el comienzo de cada diálogo -usando, por ejemplo, el Subtitle Workshop si lo quiere determinar con precisión de milisegundos- y marca con una serie de símbolos la posición y actitud del personaje.

Después se le envía al ajustador que transforma lo que le entregamos en fragmentos cortos que en la industria se llaman takes, y después de hacer la magia que ya hemos comentado junto con el director de doblaje -si no es el mismo-, selecciona a los actores, a los técnicos y el resto de profesionales, y entre todos acaban el producto que al final llega al espectador.

Y una vez contado todo esto supongo que el que desconociera el proceso de alguna manera puede ahora acercarse al debate con algún fundamento más.

Símbolos de pautado en el guion de doblaje.

Para que de alguna manera el artículo pueda servir también como referencia para la elaboración de un guion de doblaje, os dejo también una relación de los símbolos de pautado más habituales:

(OFF) – El personaje no es visible en escena.
(DE) – El personaje está de espaldas.
(SB) – Al personaje no se le ve la boca.
(P) y (PIS) – Dos intervenciones se pisan.
(R) – Risas.
(G) – Gestos y signos paralingüísticos como “mmm”, “ah”, “¡ha!”
(AD LIB) y (AMBIENTE) – Diálogos de ambiente sin trascendencia para la historia.
/ – Pausa corta de hasta 5 segundos.
// – Pausa doble de entre 5 y 10 segundos.
(CP) – Cambio de plano.
(DL) – El personaje habla de lejos.
(ATT) – El personaje habla a través del teléfono.
(ATR) – El personaje habla a través de la radio.
(ATTV) – El personaje habla a través de la televisión.
(TAP) – El personaje habla con la boca tapada por algo.
INSERTO – Mensajes escritos que aparezcan en pantalla, como carteles o letras que sean relevantes.
A LA VEZ – Dos personajes intervienen a la vez.

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