El subtitulado para sordos

Una de las actividades más gratificantes de la traducción audiovisual es el subtitulado para sordos. Más allá de las disquisiciones sobre la idoneidad del subtitulado o el doblaje, las elaboraciones sobre preferencias particulares y las luchas identitarias de los partidarios de cada una de las modalidades de traducción de películas está la subtitulación para gente con problemas de audición. La única manera -o la única sostenible y razonable- de poder dar acceso a casi todo el material audiovisual a la gente con esta necesidad.

Este tipo de adaptación es una disciplina relativamente joven: Los primeros subtítulos para sordos aparecen en 1973 cuando la cadena NBS empieza a investigar sobre la cuestión en Estados Unidos, evaluando la posibilidad de transmitir texto en la frecuencia del intervalo blanco vertical (IBV). A Europa llegan a la BBC en los setenta y en España no es hasta 1990 cuando la Televisió de Catalunya, y poco después TVE, emiten por primera vez subtítulos de este tipo. A día de hoy aún quedan muchos avances por hacer y carencias que cubrir, y la cuestión sigue sin ser en absoluto pacífica ni universal. El contenido con subtitulado para sordos, por ejemplo, sigue siendo discrecional a pesar de la publicación en 2012 de la norma UNE153.010 de Subtitulado para personas sordas y personas con discapacidades auditivas. Subtitulado a través del Teletexto elaborada por la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR) que anula la de 2003.

En el aspecto técnico, las peculiaridades son muchas y muy distintivas de la función que tienen estos subtítulos. Se sigue estudiando su pertinencia y todavía hay discrepancias importantes pero, en definitiva, la publicación de la norma ha homogeneizado las características fundamentales de los subtítulos para sordos.

Normas del subtitulado para sordos.

Los efectos sonoros que no tienen otra traslación al lenguaje audiovisual hay que señalarlos, generalmente en la esquina superior derecha. La entonación, los tartamudeos, los susurros, los gritos, las cadencias particulares que no se pueden apreciar por la interpretación del actor, también deben ser marcadas por medio de discadalias -anotaciones al efecto- antes de la línea de diálogo. La información imprescindible sobre el estado de ánimo del personaje, si no puede entenderse de otro modo, también ha de ser señalada de la misma manera. Y como elemento más distintivo, cada uno de los personajes principales llevará asignado un color, el mismo siempre, en función de su importancia y de la densidad de texto que interpreta.

Subtitulos para sordos Pautas colores

Una de las determinaciones más contestadas de esta norma es la que afecta a los tiempos de exposición recomendada. Si bien la norma prevé 1,80 segundos por cada línea de 36 caracteres -el máximo aceptable- para muchos lectores sordos o con deficiencias auditivas resulta un tiempo demasiado ajustado. Al respecto generalmente se suele apuntar que lo deseable sería la realización de dos clases de subtítulos en función de esta circunstancia. Si bien hay sordos que han perdido la audición después de haber adquirido la capacidad locutiva y leen a una velocidad equivalente a la de los que no la han perdido, los que nunca han tenido esa capacidad porque han nacido con la discapacidad suelen necesitar más tiempo para leer.

Esto entra en conflicto con otra de las características de esta categoría de subtítulos y que a mí me resulta especialmente interesante, que es la literalidad de los textos. Al disponer de un solo canal de información, como es el visual, la literalidad se prima sobre la interpretación y en general se procura traducir omitiendo la menor información posible. Esta es una circunstancia que podría abrir un debate paralelo que dejaremos para otra ocasión, pero que a mi entender también es deseable en la subtitulación general: cuanto menor sea la interferencia y mayor el respeto por la integridad de la obra original, con más autoridad podremos hablar de traducción que de adaptación.

La solución, como ya avanzábamos, podría estar en la realización de otros subtítulos alternativos con un vocabulario más asequible y una exposición más larga de los diálogos. Otro canal de texto en el que se afrontaran las necesidades de esos lectores ue leen más lento y precisan de otros recursos para entender las obras.

Las posibilidades son muchas y poco a poco se van desarrollando métodos para intentar homogenizar todas las alternativas y facilitar nuevos mecanismos de traducción y subtitulado para sordos. Una idea prometedora, por ejemplo, es el Rear Window, una pantalla transparente a disposición de los espectadores en los que se podrían proyectar subtítulos frente una pantalla de cine sin interferir a quienes no quisieran usarlos: https://en.wikipedia.org/wiki/Rear_Window_Captioning_System

LENGUA DE SIGNOS EN LA TRADUCCIÓN AUDIOVISUAL

De cualquier manera, y como elemento tangente a la traducción audiovisual clásica pero muy importante, existe una posibilidad más. La lengua de signos tanto en forma de ventana más pequeña dentro del recuadro de reproducción, como incluso integrada en la representación del medio. De este último caso hay un ejemplo muy bonito que ha tenido mucho éxito en los últimos años:

Cabe recordar, al respecto de las lenguas con pocos hablantes que ya comentábamos en otro artículo, que en euskara, a pesar de las numerosas peculiaridades dialectales, no hay una lengua de signos totalmente diferente, pero sí por ejemplo en catalán y valenciano.

Y para terminar, dejo aquí una carambola magnífica donde se explica el origen del vídeo anterior y en la que se superponen las capas de traducción en diferentes idiomas y canales: voz en euskera, subtítulos en castellano e inglés y lengua de signos conviviendo en armonía.

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