La traducción jurídica mucho más que contratos

Se me ocurría esta mañana, antes de empezar a traducir un contrato, que a los ajenos a esta profesión la traducción jurídica les debe parecer prácticamente un oxímoron vocacional. La, mal que bien, dimensión creativa de la traducción frente al tedio del mundo legal. Y lo cierto es que no es del todo así.

No es que la traducción sea una disciplina que suscite los anhelos y secretos deseos de casi ningún chico o chica que se plantee qué será de mayor, pero siempre que comentas esta dedicación a gente que no te lo ha escuchado nunca, inmediatamente después de preguntarte por los idiomas que manejas -menos de cinco o seis es siempre una decepción, seguramente con base, que sembramos a menudo- surge la cuestión de qué es lo que traduces.

El orden jerárquico de temas que suelen reportar algún rédito social vendría a ser más o menos: la interpretación consecutiva entre líderes internacionales, la traducción audiovisual, la traducción literaria, la localización de algún producto digital reconocible, la traducción de manuales de electrodomésticos y luego, la traducción legal o jurídica. Me dejo fuera muchos ámbitos, pero aun arriesgándome a que alguien mencione la traducción jurada de declaraciones de la renta, creo que los documentos legales son los que peor prensa tienen entre los que desconocen esta profesión.

 

sistemas legales traducción jurídica

Los sistemas legales en la traducción jurídica.

El caso es que la traducción jurídica, especialmente entre sistemas legales distintos, como puede ser el anglosajón, Common law en su idioma, y nuestro sistema continental, para ellos Civil law, supone siempre un ejercicio tanto técnico como de adaptación interna a una realidad jurídica que pese a lo familiar -es el derecho que conocemos por las películas- es muy distante en su filosofía. Fundamentalmente y obviando detalles importantes podríamos decir que el derecho anglosajón se asienta principalmente en la jurisprudencia -sentencias, decisiones y autos de jueces y tribunales- y el continental en leyes recogidas en los códigos.

Estas traducciones requieren entender no solo figuras legales concretas, sino el espíritu con el que están formuladas y cuál es su traslación a nuestro sistema jurídico. Y así dicho sigue sin parecer trepidante, pero si apreciamos la dimensión histórica, sociológica, cultural, institucional y organizativa que han construido estos sistemas de regulación social –sin entrar a valorar su necesidad- la cuestión da mucho más de sí. Supone entender qué y por qué se castiga en cada cultura jurídica, qué se premia y salvaguarda o qué ilícitos y delitos tienen peor consideración según las costumbres sociales y tradiciones que han dado lugar a esos sistemas. Implica en definitiva conocer más profundamente estas sociedades y los posos que han ido dejando por el mundo a través de las colonias.

Así pues, el que no quiera evocar que no sea porque no se lo ponemos fácil: la traducción jurídica puede llevarte mucho más lejos de lo que pueda parecer si no la miras con cariño.

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